TUTÓN EL COMEPLANETAS
Pedro Pablo Sacristán
Pedro Pablo Sacristán
Para hacerse una idea del tamaño de los molokos, hay que mirarlos desde muy lejos. Si te pusieras a su lado, ellos ni siquiera te verían, y si el mayor de nuestros gigantes de cuento se pusiera a su lado, probablemente los gigantescos molokos seguirían sin poder verlo. Quizá la mejor forma de saber cómo son, es conociendo su comida favorita. Y para un buen moloko, nada está más rico que un enorme planeta, con sus océanos, sus desiertos y sus montañas.
Y de todos ellos, nadie como Tutón, el gran Tutón. Grande como una estrella, podía zamparse un planeta mediano de un solo bocado. Era, además, excelente descubriendo los planetas más deliciosos, y había llegado a convertirse en el más famoso de los molokos. Pero aún más grande que su fama de descubridor, era su fama de egoísta, pues nunca jamás compartía ni un trocito de sus fabulosas comidas, de modo que los demás molokos sólo llegaban a probar algunas pequeñas migajas de aquellas deliciosas montañas.
Durante miles de años, porque los molokos viven muchísimos años para que les dé tiempo a crecer tanto, Tutón degustó los mejores planetas. Pero ocurrió que uno de aquellos planetas, uno precioso de color rojo, azul y amarillo, cuya corteza tenía el mejor sabor que se pueda imaginar, resultó tener el centro del acero más duro del universo, y los indestructibles dientes del famoso moloko se rompieron en mil pedazos.
Jamás un moloko había vivido algo parecido, pero resultó ser la más horrible de las desgracias. Tantos riquísimos planetas a su alcance, y ni siquiera tenía un diente que poder hincarles. Y cuando pidió ayuda a otros molokos, todos le recordaron su antiguo egoísmo, y no le dejaban otra cosa que las migajas de planetas de mucho peor sabor que aquellos a los que estaba acostumbrado Tutón.
Y el hasta entonces colosal y famosísimo comeplanetas, se convirtió en un mendigo, pasando todo tipo de penas y calamidades. Sólo sabía llorar, pedir, exigir… y pasar hambre. Y aún tuvo que pasar mucho tiempo viviendo así, hasta que se dio cuenta de que si quería recibir algo, tendría que ser el primero en dar, por muy pobre y mísero que fuera.
Y buscando entre lo poco que tenía para dar, descubrió que aún seguía siendo un brillante descubridor de planetas exquisitos. Así que habló con otros molokos, y se ofreció a enseñarles dónde se escondían las mejores delicias ¡Qué gran alegría para todos!, que descubrieron entonces sabores que ni siquiera sabían que existían. Y los molokos, agradecidos a Tutón por compartir con ellos su gran habilidad, comenzaron a mostrarse mucho más atentos con él, y ya nunca faltó quien le pulverizara unas montañas, o le hiciera un buen zumo de desierto.
Y de todos ellos, nadie como Tutón, el gran Tutón. Grande como una estrella, podía zamparse un planeta mediano de un solo bocado. Era, además, excelente descubriendo los planetas más deliciosos, y había llegado a convertirse en el más famoso de los molokos. Pero aún más grande que su fama de descubridor, era su fama de egoísta, pues nunca jamás compartía ni un trocito de sus fabulosas comidas, de modo que los demás molokos sólo llegaban a probar algunas pequeñas migajas de aquellas deliciosas montañas.
Durante miles de años, porque los molokos viven muchísimos años para que les dé tiempo a crecer tanto, Tutón degustó los mejores planetas. Pero ocurrió que uno de aquellos planetas, uno precioso de color rojo, azul y amarillo, cuya corteza tenía el mejor sabor que se pueda imaginar, resultó tener el centro del acero más duro del universo, y los indestructibles dientes del famoso moloko se rompieron en mil pedazos.
Jamás un moloko había vivido algo parecido, pero resultó ser la más horrible de las desgracias. Tantos riquísimos planetas a su alcance, y ni siquiera tenía un diente que poder hincarles. Y cuando pidió ayuda a otros molokos, todos le recordaron su antiguo egoísmo, y no le dejaban otra cosa que las migajas de planetas de mucho peor sabor que aquellos a los que estaba acostumbrado Tutón.
Y el hasta entonces colosal y famosísimo comeplanetas, se convirtió en un mendigo, pasando todo tipo de penas y calamidades. Sólo sabía llorar, pedir, exigir… y pasar hambre. Y aún tuvo que pasar mucho tiempo viviendo así, hasta que se dio cuenta de que si quería recibir algo, tendría que ser el primero en dar, por muy pobre y mísero que fuera.
Y buscando entre lo poco que tenía para dar, descubrió que aún seguía siendo un brillante descubridor de planetas exquisitos. Así que habló con otros molokos, y se ofreció a enseñarles dónde se escondían las mejores delicias ¡Qué gran alegría para todos!, que descubrieron entonces sabores que ni siquiera sabían que existían. Y los molokos, agradecidos a Tutón por compartir con ellos su gran habilidad, comenzaron a mostrarse mucho más atentos con él, y ya nunca faltó quien le pulverizara unas montañas, o le hiciera un buen zumo de desierto.
LA CIGARRA Y LA HORMIGA
Félix María de Samaniego
Cantando la Cigarra pasó el verano entero,
sin hacer provisiones allá para el invierno;
los fríos la obligaron a guardar el silencio
y a acogerse al abrigo de su estrecho aposento.
Viose desproveída del precioso sustento:
sin mosca, sin gusano, sin trigo, sin centeno.
Habitaba la Hormiga allí tabique en medio,
y con mil expresiones de atención y respeto
la dijo: «Doña Hormiga, pues que en vuestro granero
sobran las provisiones para vuestro alimento,
prestad alguna cosa con que viva este invierno
esta triste Cigarra,que alegre en otro tiempo,
nunca conoció el daño, nunca supo temerlo.
No dudéis en prestarme; que fielmente prometo
pagaros con ganancias, por el nombre que tengo.
La codiciosa Hormiga respondió con denuedo,
ocultando a la espalda las llaves del granero:
«¡Yo prestar lo que gano con un trabajo inmenso!
Dime, pues, holgazana,
¿Qué has hecho en el buen tiempo?»
«Yo, dijo la Cigarra, a todo pasajero
cantaba alegremente, sin cesar ni un momento.»
«¡Hola! ¿conque cantabas cuando yo andaba al remo?
Pues ahora, que yo como, baila, pese a tu cuerpo.».
Historia de Málaga

La ciudad fue fundada por los fenicios, que se desplazaron hasta Málaga por la abundancia de metales (plata y cobre, sobre todo) que necesitaban par sus intercambios comerciales.
El nombre primitivo de este asentamiento fue "Mlk" que significa factoría (de pescado, se supone). De ahí viene uno de los nombres antiguos que se dio a Málaga: Malaka. El periodo fenicio tuvo una duración del 770 al 550 antes de Cristo.
Nabucodonosor conquista los territorios fenicios, con lo que Málaga pasa a ser sobre el 570 a.c. dominada por los cartagineses, que pretendían quedarse con el comercio fenicio.
Pero en el año 218 a.c. son los romanos quienes, esta vez, derrotan a los cartagineses en las guerras púnicas, conquistando la península ibérica. Los romanos comienzan la construcción de obras importantes. La dinastía Flavia comienza el Puerto de Málaga y con Augusto se construye el Teatro Romano. Es el emperador Tito, de la familia Flavia, quien concederá a Málaga los privilegios de municipio.
Los patrones de Málaga, San Ciriaco y Santa Paula, sufrieron martirio en el lecho del río Guadalmedina donde fueron lapidados a comienzos del siglo IV (18 de junio). Otra versión existente cuenta que fueron aprisionados y trasladados a Cartago, donde murieron.
La decadencia romana da paso a la dominación de los pueblos germanos, que sobre el año 411 arrasaron las costas malagueñas.
Con la intención de reconstruir el imperio romano, el emperador bizantino Justiniano (527-565) conquista Málaga, que será abandonada sobre el año 623 debido a presiones visigodas.
En el año 711 la península comienza un largo período de dominación musulmana.
Es el año 1089 cuando los almarávides son llamados por los Reinos de Taifas para solucionar problemas rivales, quedándose en Andalucía y arrebatando el domino a los regentes musulmanes.
Hasta 1.143 no son expulsados de Málaga, donde, años más tarde gobernaría Ibn Hud (hasta 1.238) ferviente antialmohade. A la muerte de Hud, se ofrece la ciudad al rey de Granada Muhamad I.
En 1.348 la peste negra asola Europa, siendo esta la fecha en que Alcazaba y Castillo de Gibralfaro toman su forma definitiva. La ciudad dispone de varias puertas que permiten el paso a través del recinto amurallado, cuyos nombre siguen perdurando hoy: Puerta Oscura, Puerta del Mar...
Fernando el Católico arrebata la ciudad a los moros en 1487, pero no fue una tarea fácil, más de 15.000 guerreros africanos aguardaban acuartelados y bien armados en el Castillo de Gibralfaro. Entre las tropas conquistadoras de la ciudad se encontraba el poeta Garcilaso de la Vega.
La batalla tuvo tal dureza y la resistencia se alargó tanto que las represalias de los vencedores fue brutal. Sólo dejaron a 40 familias, los demás habitantes fueron deportados o vendidos como esclavos.
Entre 5.000 y 6.000 "cristianos" repoblaron la provincia (1.000 la capital). En un primer momento se levantaron cuatro parroquias en la capital: las iglesias del Sagrario -dedicada a San Pedro, fundada en 1488 y reconstruida en el siglo XVIII-, San Juan, Santiago y Santos Mártires -fundada en 1.490, renovada entre 1758 y 1777-.
Uno de los primeros conventos fue de los frailes franciscanos, actual Santuario de la Victoria.
Cuentan los escritos que estando acampado el rey Fernando esperando la toma de la ciudad se le apareció la Virgen que traía consigo un regalo del emperador Maximiliano de Austria, anunciándole la victoria sobre los musulmanes.
En este mismo lugar de acampada se levanta una capilla, actual Santuario de la Victoria, que más tarde, en 1518, se convertiría en convento franciscano.
A finales del siglo XVII el conde de Buenavista costeó la remodelación del convento al que añadió dos panteones, uno para el eterno descanso de su familia.
La Catedral se comienza en 1528 y en 1541 se paran las obras por algunos errores. En 1549 se trajo como nuevo maestro mayor a Diego de Vergara, que trabajó hasta su muerte, sucediéndoles su hijo, fallecido en 1598.
En 1588, cuando estaba la obra a medias, se inaugura la Catedral. Su sillería está considerada como una de las obras de arte más importantes de los templos españoles, obra de Pedro de Mena.
Durante la edad moderna Málaga tuvo gran importancia por su situación estratégica, cercana al estrecho de Gibraltar y al Norte de Africa, siendo el Puerto punto de abasto para las plazas africanas.
El sistema defensivo cristiano no fue cambiado, sino que se aprovechó el construido por los árabes.
De los siglos XVI al XVIII a pesar de las epidemias, terremotos, inundaciones, explosiones de molinos de pólvora y las levas de soldados (alistamientos forzosos) la población aumentó de 3.616 familias a 4.296.
Durante el siglo XVIII se da una gran expansión urbana por lo que la muralla defensiva que rodeaba la ciudad desaparece. Destacar que a finales de este siglo el 10 por ciento de la población era extranjera, signo del cosmopolitismo que siempre ha tenido esta ciudad abierta a propios y extraños.
La pesca ha sido desde siempre una actividad de mucha importancia -por desgracia hoy no- aunque la ganadería y la agricultura -basada en el trigo, la vid y el olivo- fue aumentando.
En 1585 Felipe II ordena un nuevo estudio del Puerto, construyéndose un nuevo dique en 1588, en la zona de levante, junto a La Coracha. En los dos siglos siguientes el Puerto se fue prolongando tanto a poniente como a levante.
El edificio de la Aduana comenzó a construirse en 1.791, y las obras no concluyeron hasta 1.842.
El más recordado de los obispos malagueños fue José de Molina Lario (1.776-1-783) gracias al cual consiguió con sus esfuerzos y sus aportaciones económicas la construcción del Camino de Antequera y el acueducto de San Telmo (que abastecía de agua a la ciudad).
Ya en la época contemporánea, la dominación francesa (invasión de las tropas napoleónicas) de Málaga duró dos años (enero 1810 hasta agosto 1812). Después de aprobar en Cádiz "La Pepa" o la Constitución de 1812, se constituye en Málaga el primer Ayuntamiento constitucional compuesto por dos alcaldes.
En 1.831 José María Torrijos parte de Gibraltar acompañado de 50 liberales con la intención de levantar a los malagueños en contra de Fernando VII, "El Deseado", que gobernó España tras la retirada francesa. En la plaza de La Merced hay un obelisco dedicado a estos defensores de la libertad en cuya cripta descansan sus restos.
Málaga fue cuna de varios levantamientos en el agitado siglo XIX en pro de un régimen más liberal. En 1835, muerto Fernando VII, se organiza una revuelta por la ineficacia del gobierno del conde de Toreno. Un año después son asesinados en Málaga los gobernadores civil y militar. En 1843 comienza otra insurrección en la capital.
Tanta actividad "revolucionaria" le vale el título a la ciudad "siempre denodada" y la leyenda "la primera en el peligro de la libertad".
1862 es un año importante en la ciudad, dada la visita de la reina Isabel II y todo lo que conlleva este hecho.
Con la renuncia al trono de Amadeo de Saboya se proclama la Primera República Española el 11 de febrero de 1873. Se producen grandes disturbios y la Aduana es asaltada, quemándose numerosos expedientes y legajos completos.
El malagueño Antonio Cánovas del Castillo juega un papel fundamental en la instauración de la monarquía con Alfonso XII al frente. Destacar el periódico de esta época "El país de la Olla".
En 1877 visita Málaga Alfonso XII.
A partir de 1826 se produce un auge industrial en la ciudad, liderado por Manuel Agustín Heredia, dueño de varias fundiciones. Málaga se convierte en la primera productora de hierro a nivel nacional durante décadas. En los 60 se crean barrios obreros como El Bulto o Huelin para albergar a los trabajadores cerca de las fábricas. A partir de 1880 la crisis hace cerrar las fundiciones malagueñas, uniéndose a esta desgracia la plaga de la filoxera.
En 1856 se crea el Banco de Málaga, con la capacidad de emitir billetes, pero en 1874 es absorbido por el recién creado Banco de España.
La Cámara de Comercio de Málaga fue creada en 1886, pero cuenta con los antecedentes de los consulados marítimos y terrestres.
En este siglo hubo tres exposiciones provinciales donde se mostraron productos de agriculturas e industriales, la más importante fue la de 1862, que visitó Isabel II.
De 1.860 a 1.865 se construyó el ferrocarril Málaga-Córdoba y es a finales de siglo cuando se pone en marcha el tranvía.
En 1891 se abre la calle Marqués de Larios, la más conocida de Málaga y arteria principal del Centro Histórico.
Debido a la penuria económica se piensa en explotar el turismo nacional y extranjero. A finales del siglo XIX se crea la "Sociedad Propagandística del Clima y Embellecimiento de Málaga".
El teatro Cervantes se construye en 1869, sobre las ruinas del teatro Príncipe Alonso, que fue acondicionado para representar obras en 1862 con motivo de la visita de Isabel II, ya que era donde se hallaba el circo.
En 1880 se inaugura el Real Conservatorio de Música María Cristina.
REGALOS DE NAVIDAD
La Conferencia de Regalos de Navidad de aquel año estaba llena hasta la bandera. A ella habían acudido todos los jugueteros del mundo, y muchos otros que no eran jugueteros pero que últimamente solían asistir, y los que no podían faltar nunca, los repartidores: Santa Claus y los Tres Reyes Magos. Como todos los años, las discusiones tratarían sobre qué tipo de juguetes eran más educativos o divertidos, cosa que mantenía durante horas discutiendo a unos jugueteros con otros, y sobre el tamaño de los juguetes. Sí, sí, sobre el tamaño discutían siempre, porque los Reyes y Papá Noel se quejaban de que cada año hacían juguetes más grandes y les daba verdaderos problemas transportar todo aquello...
Pero algo ocurrió que hizo aquella conferencia distinta de las anteriores: se coló un niño. Nunca jamás había habido ningún niño durante aquellas reuniones, y para cuando quisieron darse cuenta, un niño estaba sentado justo al lado de los reyes magos, sin que nadie fuera capaz de decir cuánto tiempo llevaba allí, que seguro que era mucho. Y mientras Santa Claus discutía con un importante juguetero sobre el tamaño de una muñeca muy de moda, y éste le gritaba acaloradamente "¡gordinflón, que si estuvieras más delgado más cosas te cabrían en el trineo!", el niño se puso en pie y dijo:
- Está bien, no discutáis. Yo entregaré todo lo que no puedan llevar ni los Reyes ni papá Noel.
Los asistentes rieron a carcajadas durante un buen rato sin hacerle ningún caso. Mientras reían, el niño se levantó, dejó escapar una lagrimita y se fue de allí cabizbajo...
Aquella Navidad fue como casi todas, pero algo más fría. En la calle todo el mundo continuaba con sus vidas y no se oía hablar de todas las historias y cosas preciosas que ocurren en Navidad. Y cuando los niños recibieron sus regalos, apenas les hizo ilusión, y parecía que ya a nadie le importase aquella fiesta.
En la conferencia de regalos del año siguiente, todos estaban preocupados ante la creciente falta de ilusión con se afrontaba aquella Navidad. Nuevamente comenzaron las discusiones de siempre, hasta que de pronto apareció por la puerta el niño de quien tanto se habían reído el año anterior, triste y cabizbajo. Esta vez iba acompañado de su madre, una hermosa mujer. Al verla, los tres Reyes dieron un brinco: "¡María!", y corriendo fueron a abrazarla. Luego, la mujer se acercó al estrado, tomó la palabra y dijo:
- Todos los años, mi hijo celebraba su cumpleaños con una gran fiesta, la mayor del mundo, y lo llenaba todo con sus mejores regalos para grandes y pequeños. Ahora dice que no quiere celebrarlo, que a ninguno de ustedes en realidad le gusta su fiesta, que sólo quieren otras cosas... ¿se puede saber qué le han hecho?
La mayoría de los presentes empezaron a darse cuenta de la que habían liado. Entonces, un anciano juguetero, uno que nunca había hablado en aquellas reuniones, se acercó al niño, se puso de rodillas y dijo:
- Perdón, mi Dios; yo no quiero ningún otro regalo que no sean los tuyos.
Aunque no lo sabía, tú siempre habías estado entregando aquello que no podían llevar ni los Reyes ni Santa Claus, ni nadie más: el amor, la paz, y la alegría. Y el año pasado los eché tanto de menos...perdóname.
Uno tras otro, todos fueron pidiendo perdón al niño, reconociendo que eran suyos los mejores regalos de la Navidad, esos que colman el corazón de las personas de buenos sentimientos, y hacen que cada Navidad el mundo sea un poquito mejor...
vEl Peso de la Nada
- Dime, ¿cuánto pesa un copo de nieve?- , preguntó un gorrión a una paloma.
- Nada de nada-, le contestó.
- Entonces debo contarte algo maravilloso- , dijo el gorrión:
- Estaba yo posado en la rama de un abeto, cerca de su tronco, cuando empezó a nevar. No era una fuerte nevada ni una ventisca furibunda. Nada de eso.
Nevaba como si fuera un sueño, sin nada de violencia. Y como yo no tenía nada mejor que hacer, me puse a contar los copos de nieve que se iban asentando sobre los tallitos de la rama en la que yo estaba. Los copos fueron exactamente 3.741.952. Al caer el siguiente copo de nieve sobre la rama que, como tú dices, pesaba nada de nada, la rama se quebró.
Dicho esto, el gorrión se alejó volando.
Y la paloma, toda una autoridad en la materia desde la época de Noé, quedó cavilando sobre lo que el gorrión le contara y al final se dijo:
- Tal vez esté faltando la voz de una sola persona para que en este mundo tenga lugar la paz.
- Nada de nada-, le contestó.
- Entonces debo contarte algo maravilloso- , dijo el gorrión:
- Estaba yo posado en la rama de un abeto, cerca de su tronco, cuando empezó a nevar. No era una fuerte nevada ni una ventisca furibunda. Nada de eso.
Nevaba como si fuera un sueño, sin nada de violencia. Y como yo no tenía nada mejor que hacer, me puse a contar los copos de nieve que se iban asentando sobre los tallitos de la rama en la que yo estaba. Los copos fueron exactamente 3.741.952. Al caer el siguiente copo de nieve sobre la rama que, como tú dices, pesaba nada de nada, la rama se quebró.
Dicho esto, el gorrión se alejó volando.
Y la paloma, toda una autoridad en la materia desde la época de Noé, quedó cavilando sobre lo que el gorrión le contara y al final se dijo:
- Tal vez esté faltando la voz de una sola persona para que en este mundo tenga lugar la paz.
AMIGOS DE COLORES
Tengo un amigo
color chocolate,
chata la nariz,
los labios granate.
Tengo otro amigo
color amarillo,
ojos rasgados,
negro flequillo.
Falta mi amigo
color aceituna,
dulce mirada
risa de luna.
Yo soy de nata
dice mi abuelo,
azules los ojos,
rubio el cabello.
Amigos de colores,
unamos las manos.
NEGRO, AMARILLO,
ACEITUNA, BLANCO.
UN GRAN ARCO IRIS
TODOS FORMAMOS.
COLOR ESPERANZA
Sé que hay en tus ojos con solo mirar,
que estas cansado de andar y de andar,
y caminar, girando siempre en un lugar.
que estas cansado de andar y de andar,
y caminar, girando siempre en un lugar.
Sé que las ventanas se pueden abrir,
cambiar el aire depende de ti,
te ayudará, vale la pena una vez más.
cambiar el aire depende de ti,
te ayudará, vale la pena una vez más.
Saber que se puede querer que se pueda,
quitarse los miedos sacarlos afuera,
pintarse la cara color esperanza,
tentar al futuro con el corazón.
quitarse los miedos sacarlos afuera,
pintarse la cara color esperanza,
tentar al futuro con el corazón.
Es mejor perderse que nunca embarcar,
mejor tentarse a dejar de intentar,
aunque ya ves, que no es tan fácil empezar.
mejor tentarse a dejar de intentar,
aunque ya ves, que no es tan fácil empezar.
Sé que lo imposible se puede lograr,
que la tristeza algún día se irá,
y así será, la vida cambia y cambiará.
que la tristeza algún día se irá,
y así será, la vida cambia y cambiará.
Sentirás que el alma vuela,
por cantar una vez más.
por cantar una vez más.
Saber que se puede querer que se pueda,
quitarse los miedos sacarlos afuera,
pintarse la cara color esperanza,
tentar al futuro con el corazón.
Saber que se puede querer que se pueda,
quitarse los miedos sacarlos afuera,
pintarse la cara color esperanza,
tentar al futuro con el corazón.
quitarse los miedos sacarlos afuera,
pintarse la cara color esperanza,
tentar al futuro con el corazón.
Saber que se puede querer que se pueda,
quitarse los miedos sacarlos afuera,
pintarse la cara color esperanza,
tentar al futuro con el corazón.
Vale más poder brillar,
que solo buscar, ver el sol.
que solo buscar, ver el sol.
Pintarse la cara color esperanza,
tentar al futuro con el corazón.
Saber que se puede querer que se pueda,
pintarse la cara color esperanza,
tentar al futuro con el corazón.
tentar al futuro con el corazón.
Saber que se puede querer que se pueda,
pintarse la cara color esperanza,
tentar al futuro con el corazón.
Diego Torres
VERDAD QUE SERÍA ESTUPENDO
Verdad que sería estupendo
que las espadas fueran un palo de la baraja
que el escudo una moneda portuguesa
y un tanque una jarra grande de cerveza
Verdad que sería estupendo
que las bases fueran el lado de un triángulo
que las escuadras sólo reglas de diseño
y los gatillos gatos pequeños
Que apuntar fuera soplarle la tabla a Manolito
que disparar darle una patada a un balón
y que los "persing" fueran esa marca de rotulador
con los que tu siempre pintas mi corazón
que las espadas fueran un palo de la baraja
que el escudo una moneda portuguesa
y un tanque una jarra grande de cerveza
Verdad que sería estupendo
que las bases fueran el lado de un triángulo
que las escuadras sólo reglas de diseño
y los gatillos gatos pequeños
Que apuntar fuera soplarle la tabla a Manolito
que disparar darle una patada a un balón
y que los "persing" fueran esa marca de rotulador
con los que tu siempre pintas mi corazón
Verdad que sería estupendo
que las bombas fueran globos de chicle
que las sirenas fueran peces con cuerpo de mujer
y las granadas una clase de fruta
Que alarma fuera un grupo de rock and roll
y que la pólvora fuera para hacer fuegos artificiales
y que los "persing" fueran esa marca de rotulador
con los que tu siempre pintas mi corazón
con los que yo siempre pintas tu corazón
Y no existiera más arma en el mundo
y no existiera más arma en el mundo
más que el "mi arma" andaluz
Verdad que sería estupendo.
Cómplices
BRODEK, EL DRAGÓN DEL DÍA Y DE LA NOCHE
Llegó el día. El joven dragón Brodek tendría que elegir su bando, y convertirse en un dragón de la noche o en un dragón de la luz. Ambos grupos, enemigos naturales, se odiaban a muerte, y cada dragón, al llegar su tiempo, tenía que escoger uno de los bandos y formar parte de su ejército.
Casi todos se decidían siendo aún pequeños, y se entrenaban durante años, antes del cambio definitivo. Pero Brodek no lo tenía claro. Y ya no le quedaba tiempo. Al amanecer, sus alas se cubrirían con el azul de la noche o el dorado del sol, y permanecerían así para siempre, y todo su ser odiaría al sol o a la luna sin poderlo remediar. Era el precio del mágico y funesto don de escupir fuego.
Por eso Brodek había ido a pensar al bosque, donde esperaba encontrar una respuesta. Pero allí, sentado, en el silencio de la noche, no había respuestas. Sólo una luna llena blanca y preciosa, con pálidos brillos de plata. Y el viento en las hojas de los árboles, más suave y frío que de constumbre, como despidiéndose del joven dragón. Y la noche, una noche profunda llena de estrellas lejanas... Por nada del mundo quería Brodek convertirse en un dragón de la luz para odiar toda esa maravilla, y sintió cómo sus alas comenzaban a teñirse lentamente con el color de la noche.
Pero la noche fue perdiendo fuerza para dar paso a las primeras luces del alba. Era ese uno de los momentos favoritos del dragón, y disfrutó de los tonos rosados del cielo, del suave calor del primer rayo de sol en la cara, de los brillos de cristal y fuego en las aguas y de la alegría que despertaban en el bosque los primeros cantos de los pajarillos... No, tampoco quería ser un dragón de la noche para odiar tantísima belleza.
Y antes de que las lágrimas inundaran sus ojos, antes incluso de saber cuál era el color definitivo de sus alas, Brodek voló hasta la laguna, se sumergió cuanto pudo en ella para calmar su sed de paz, y voló hacia el cielo, tan alto como pudo, como tratando de escapar de la injusta tierra y de su cruel destino. Y cuando estuvo tan lejos que el frío le impedía mover las alas, abrió la boca para soltar su gran llamarada, como queriendo gastarla completamente, o no haberla tenido nunca.
Pero en lugar de fuego, de su boca surgió una finísima capa de escarcha que cubrió los campos, como si su deseo de paz y el agua de la laguna hubieran obrado un milagro. Y sólo entonces descubrió que no sería un dragón de la noche, ni un dragón de la luz, pues una de sus alas pertenecía a la luna, y la otra la sol.
Y cada cierto tiempo, Brodek vuelve a decorar los campos con su mágico aliento escarchado, como queriendo recordar al mundo que no es necesario elegir entre el día y la noche cuando no se sabe odiar.
Y cada cierto tiempo, Brodek vuelve a decorar los campos con su mágico aliento escarchado, como queriendo recordar al mundo que no es necesario elegir entre el día y la noche cuando no se sabe odiar.
EL MEJOR GUERRERO DEL MUNDO
Caucasum era un joven valiente, experto espadachín, que soñaba con convertirse en el mejor guerrero del mundo. En todo el ejército no había quien le venciera en combate, y soñaba con convertirse en el gran general, sucediendo al anciano cobardón que ocupaba el puesto. El rey le apreciaba mucho, pero el día que le contó su sueño de llegar a ser general, le miró con cierto asombro y le dijo:
- Tu deseo es sincero, pero no podrá ser. Aún tienes mucho que aprender.
Aquello fue lo peor que le podía pasar a Caucasum, que se enfureció tanto que abandonó el palacio, decidido a aprender todas las técnicas de lucha existentes. Pasó por todo tipo de gimnasios y escuelas, mejorando su técnica y su fuerza, pero sin aprender nuevos secretos, hasta que un día fue a parar a una escuela muy especial, una gris fortaleza en lo alto una gran montaña. Según le habían contado, era la mejor escuela de guerreros del mundo, y sólo admitían unos pocos alumnos. Por el camino se enteró de que el viejo general había estudiado allí y marchó decidido a ser aceptado y aprender los grandes secretos de la guerra.
Antes de entrar en la fortaleza le obligaron a abandonar todas sus armas. "No las necesitarás más. Aquí recibirás otras mejores". Caucasum, ilusionado, se desprendió de sus armas, que fueron arrojadas inmediatamente a un foso por un hombrecillo gris. Uno de los instructores, un anciano serio y poco hablador, acompañó al guerrero a su habitación, y se despidió diciendo "en 100 días comenzará el entrenamiento".
¡100 días! Al principio pensó que era una broma, pero pudo comprobar que no era así. Los primeros días estaba histérico y nervioso, e hizo toda clase de tonterías para conseguir adelantar el entrenamiento. Pero no lo consiguió, y terminó esperando pacientemente, disfrutando de cada uno de los días.
¡100 días! Al principio pensó que era una broma, pero pudo comprobar que no era así. Los primeros días estaba histérico y nervioso, e hizo toda clase de tonterías para conseguir adelantar el entrenamiento. Pero no lo consiguió, y terminó esperando pacientemente, disfrutando de cada uno de los días.
El día 101 tuvieron la primera sesión. "Ya has aprendido a manejar tu primera arma: la Paciencia", comenzó el viejo maestro. Caucasum no se lo podía creer, y soltó una breve risa. Pero el anciano le hizo recordar todas las estupideces que había llegado a hacer mientras estaba poseido por la impaciencia, y tuvo que darle la razón. "Ahora toca aprender a triunfar cada batalla". Aquello le sonó muy bien a Caucasum, hasta que se encontró atado a una silla de pies y manos, subido en un pequeño pedestal, con decenas de aldeanos trepando para tratar de darle una paliza. Tenía poco tiempo para actuar, pero las cuerdas estaban bien atadas y no pudo zafarse. Cuando le alcanzaron, le apalearon.
El mismo ejercicio se repitió durante días, y Caucasum se convenció de que debía intentar cosas nuevas. Siguió fallando muchas veces, hasta que cayó en la cuenta de que la única forma de frenar el ataque era acabar con la ira de los aldeanos. Los días siguientes no dejó de hablarles, hasta que consiguió convencerles de que no era ninguna amenaza, sino un amigo. Finalmente, fue tan persuasivo, que ellos mismos le libraron de sus ataduras, y trabaron tal amistad que se ofrecieron para vengar sus palizas contra el maestro. Era el día 202.
-"Ya controlas el arma más poderosa, la Palabra, pues lo que no pudieron conseguir ni tu fuerza ni tu espada, lo consiguió tu lengua".
Caucasum estuvo de acuerdo, y se preparó para seguir su entrenamiento.
"Esta es la parte más importante de todas. Aquí te enfrentarás a los demás alumnos". El maestro le acompaño a una sala donde esperaban otros 7 guerreros. Todos parecían fuertes, valientes y fieros, como el propio Caucasum, pero en todos ellos se distinguía también la sabiduría de las dos primeras lecciones.
"Esta es la parte más importante de todas. Aquí te enfrentarás a los demás alumnos". El maestro le acompaño a una sala donde esperaban otros 7 guerreros. Todos parecían fuertes, valientes y fieros, como el propio Caucasum, pero en todos ellos se distinguía también la sabiduría de las dos primeras lecciones.
"Aquí lucharéis todos contra todos, triunfará quien pueda terminar en pie". Y así, cada mañana se enfrentaban los 7 guerreros. Todos desarmados, todos sabios, llamaban al grupo de fieles aldeanos que conquistaron en sus segundas pruebas, y trataban de influir sobre el resto, principalmente con la palabra y haciendo un gran uso de la paciencia. Todos urdían engaños para atacar a los demás cuando menos lo esperasen, y sin llegar ellos mismos a lanzar un golpe, dirigían una feroz batalla...
Pero los días pasaban, y Caucasum se daba cuenta de que sus fuerzas se debilitaban, y sus aldeanos también. Entonces cambió de estrategia. Con su habilidad de palabra, renunció a la lucha, y se propuso utilizar sus aldeanos y sus fuerzas en ayudar a los demás a reponerse. Los demás agradecieron perder un enemigo que además se brindaba a ayudarles, y recrudecieron sus combates. Mientras, cada vez más aldeanos se unían al grupo de Caucasum, hasta que finalmente, uno de los 7, llamado Tronor, consiguió triunfar sobre el resto. Tan sólo habían resistido unos pocos aldeanos junto a él. Cuando terminó y se disponía a salir triunfante, el maestro se lo impidió diciendo: "no, sólo uno puede quedar en pie".
Tronor se dirigió con gesto amenazante hacia Caucasum, pero éste, adelantándose, dijo:
- ¿De veras quieres luchar?. ¿No ves que somos 50 veces más numerosos? Estos hombres lo entregarán todo por mi, les he permitido vivir libres y en paz, no tienes ninguna opción.
Cuando dijo esto, los pocos que quedaban junto a Tronor se pusieron del lado de Caucasum. ¡Había vencido!
El maestro entró entonces con una sonrisa de oreja a oreja: "de todas las grandes armas, la Paz es la que más me gusta. Todos se ponen de su lado tarde o temprano". El joven guerrero sonrió. Verdaderamente, en aquella escuela había conocido armas mucho más poderosas que todas las anteriores.
Días después se despidió dando las gracias a su maestro, y volvió a palacio, dispuesto a disculparse ante el rey por su osadía. Cuando este le vio acercarse tranquilamente, sin escudos ni armas, sonriendo sabia y confiadamente, le saludó:
- ¿que hay de nuevo, General?